martes, febrero 02, 2010

El reencuentro (texto adolecente)


Fue la primera vez que lo veía después de un año fuera de Chile. Cuando me fui tenía decidido que cuando regresara lo haría resuelta, con la capacidad de volver a mirar a la cara a aquellas personas que dejaba acá.
Era el cumpleaños de Rafael. El conserje del edificio ya me conocía, así que sin muchas preguntas me dejó subir.
El departamento estaba en el último piso. Mientras iba en el ascensor mi respiración se empezó a acelerar, estaba nerviosa, tan ansiosa que me salían lagrimas.
La puerta del departamento estaba abierta, la gente transitaba sin notar mi presencia; el Rafa tenía más amigos que antes, muchos de ellos del trabajo. Me escondí entre la gente, miré al fondo y ahí se encontraba, mi mejor amigo, en el balcón. La noche estaba fría.
-Hola - le dije - feliz cumpleaños amigo ¿pensaste que me había olvidado del segundo día más importante del año? - con cara de sorpresa me abrazó fuerte, después de unos segundos me dijo que me había echado de menos.
-Si lo sé -le dije - no eres la primera persona que me lo dice, además te traje un regalito.
Rafael es un hombre justo, centrado, tiene un sentido del humor muy desarrollado, siempre dice cosas graciosas para llegar a las personas, ya que no es muy atractivo. Alto flaco y de nariz grande; es honesto, sincero y de buen corazón. Es simple, no se hace problemas por nada ni por nadie, pero sí esconde sus sentimientos en lo profundo de su alma.
Conversamos mucho rato. La gente se empezó a ir y yo seguía ahí. Después de mucho evadir el tema le pregunté por Julián, él agachó la cabeza, se quedó un rato en silencio y con su mirada calmada y profunda dijo “está internado en una clínica” yo me quedé callada, él siguió hablando. “Si quieres mañana lo vamos a ver, le prometí que en cuanto llegaras te llevaría”.
- ¡No! - le respondí de inmediato - después de lo que pasó no quiero volver a verlo, además yo le dije que cuando él llegara a esa condición, no iba a estar para salvarlo de nuevo.
El Rafa me dijo que no fuera orgullosa, que era hora de enfrentar a Julián.
Rafael tiene una manera especial de convencerte que igual terminas haciendo las cosas que no quieres.
Al otro día me pasó a buscar a las cuatro de la tarde. Era un día gris, frío y me sentía presionada. Al lado mío mi amigo me observaba en silencio; en la radio, puras canciones “mamonas”.
El camino era eterno, la supuesta clínica estaba en un lugar apartada de Santiago. La reja era verde, alta y con cables eléctricos para que ningún paciente intentara escaparse. La entrada era de tierra, a las orillas había árboles de todos los tamaños sin hojas por el invierno y en el fondo una casona vieja igual de gris que el día.
Nos bajamos del auto y en la recepción, una enfermera chica, vieja y con mal aliento nos hizo pasar a una sala de espera. Esa espera fue más interminable que el viaje; de repente un hombre algo “freak” apareció en la puerta diciendo que ya podíamos ir donde Julián.
El corredor era enorme, había poca luz porque las cortinas estaban sucias, llenas de polvo, había olor a humedad, poca ventilación; el aire era pesado. El corazón se me empezó a apretar. Subimos por una escalera estrecha donde el Rafa me dijo que tenía que seguir sola.
Otra vez ese corredor lúgubre, ahora en el segundo piso, ese hombre “freak” se adelanto y abrió la puerta del fondo.
Él estaba en el balcón, con el frío que hacía y él ahí, tomando aire, aire que a mí me faltaba.
-Hola- le dije. Él se dio vuelta y me miró con sus ojos claros y profundos.
- ¡Hola! - dijo - Pensé que nunca más te iba a ver.
Yo sonreí, mi corazón latía con fuerzas, la voz me salía temblorosa.
- Si pues, me fui por un semestre y me quedé un año, necesitaba encontrarme.
Miré todo alrededor.
- ¿Puedes cerrar la ventana? Tengo frío.
Él me observaba, pero no se acercaba mucho, quizás pensaba que si me tocaba yo me iba a poner a llorar
-La verdad Julián, nunca me imaginé que tendría que venir a verte a acá.
Él se quedó en silencio un segundo y dijo “ya estoy mejor, Elisa, lo único que quería era verte para poder pedirte disculpas por todos los malos ratos que te hice pasar...”
“Yo no vine acá a buscar una disculpa, te vine a ver porque Rafael me dijo que para ti era importante verme, además te traje un regalo... para que intentes salvarte”. Sonreímos los dos. Yo estaba nerviosa, no quería llorar, no quería ser hiriente. Él se hallaba distinto, con un buzo gris y su barba de varios días que escondía su cara de niño asustado; estaba calmado y eso fue lo que más me llamó la atención. Su impulsividad se encontraba estancada, ahora se daba el tiempo para razonar antes de hablar y de actuar; estaba aletargado.
Yo me sentía extraña, aunque los dos tratábamos de que la conversación fluyera estábamos tensos, era como si estuviese en frente de un desconocido que hablábamos distintos idiomas.
- Durante el tiempo que he estado acá he intentado recordar ¿cuándo fue que todo se echó a perder? ¿Cuándo toqué fondo y tú ya no estabas, Elisa?, y ahí entendí lo importante que eras para mi. Me di cuenta de que nunca me percaté de lo que tenía al lado, hasta cuando te fuiste.
-Yo siempre he dicho Julián, que más vale darse cuenta tarde que nunca de las cosas, pero con respecto a cuándo todo se echó a perder, yo creo que lo deberías tener clarísimo...creo que te diste muy tarde cuenta de lo que yo contribuía a tu vida...
Él interrumpió
- Tú me dejaste, no me diste nunca la oportunidad de demostrarte que quería cambiar. Te fuiste antes - dijo mirando hacia la ventana. Había empezado a llover.
-Recuerda Julián, que tú me echaste antes, mucho antes de que tocaras fondo. Y yo te olvidé ese día en Viña, cuando llegaste a mi departamento en un estado deplorable y yo juré nunca más ayudarte.
- Se quedó en silencio.
-No me dices nada, Julián, por que sabes que tengo razón, por que no tienes argumentos, y porque pensaste que yo ya me había olvidado de eso.
-Pensé que todavía me querías... pero veo que me equivoqué ...
- No se trata de amor, Julián, no confundas las cosas. Además Rafael me dijo que era importante para ti verme. Por lo demás yo también tenía muchas ganas de verte, pero no quería verte así, no me gusta que estés en este lugar tan frío. -Yo me puse a llorar, él se me acerco y con cuidado me dio un beso en la frente como queriendo calmarme, yo lo miré y lo abracé y sentí su corazón latir con fuerza. “Te quiero”,dijo. Yo levanté la mirada me sequé las lagrimas... “Y te eché mucho de menos...”. “Yo, yo ya no te creo nada Julián. Lo mismo me decías antes, cuando te mandabas cagadas y yo seguía ahí esperando que atinaras... No tengo ganas, Julián, no tengo ganas de seguir con esto. Me fui con la esperanza de que cuando me volviera a encontrar contigo no fuese tan difícil, pero me equivoqué.
-Parece que siempre te equivocas conmigo...
- Julián, me tengo que ir, el Rafa me está esperando hace mucho y la verdad es que no quiero seguir en este lugar. Nos vemos afuera, porque a este lugar.... a este lugar no vuelvo más.

martes, enero 26, 2010

El descanso...


" ... Lo que estoy tratando de decir es... que entiendo lo que es sentirse tan pequeño e insignificante como es humanamente posible. Que te pueden doler en lugares que no sabías que tenías y por más que te cambies el pelo o vayas al gimnasio, o tomes copas con tus amigas te vas a la cama repasando hasta el último detalle y preguntándote qué hiciste mal o cómo pudiste malentenderlo. Y cómo durante ese breve instante pensaste que eras tan feliz. A veces te convences de que él va a ver su error y aparecerse y después de todo eso que puede ser un periodo largo o corto te vas a un lugar nuevo y conocerás a personas que harán sentirte bien de nuevo y recuperarás todos los pequeños pedazos de tu alma..."

martes, enero 19, 2010

Si fuese ayer...

Recuerdo cómo si fuese ayer la primera vez que puse un pie en ese lugar. Tu parecías simpático, algo retraído. Hablabas poco, procesabas más y cada vez que te molestaba algo me mirabas con cara de querer matarme, pero jamás emitiste un comentario. Recuerdo aquellas fiestas con cumbia detrás, y movías tus pies disimuladamente para que no se notara que te morías por bailar, pero tu pánico escénico era más fuerte que tus deseos.

Recuerdo como si fuese ayer aquellas tardes haciendo trabajos de filosofía, artes e historia, donde siempre teníamos que actuar y tu sólo decías una frase y con eso te ponían la nota, mientras yo trataba de hacer lo mejor posible para que todo resultara. Recuerdo con mucha nostalgia esas siestas maravillosas en Brasil cuando dormía en tu cama y todo era tan aromático, tan varonil.

Recuerdo como si fuese ayer que jamás faltaste a ningún cumpleaños y sólo nos veíamos 2 veces al año. En pleno invierno y en el verano. En esos encuentros conversábamos poco, tu te reías de mis "peladas de cable" y yo te tu pasividad.

Recuerdo ese día que nos "reencontramos por msn" y en la noche te llamé para inivitarte a carretear, después de todo un año sin vernos, llegaste a mi casa y lo primero que dijiste fue "ohhh que rico hueles" Ese día reímos de buena gana y comprendí que tal vez, algo parecido a tí andaba buscando. Quizás por eso todavía recuerdo la primera vez que salimos solos... lo nerviosa que estaba y lo callado que permanecías tu. Te veías tan guapo y manejabas concentrado hacia el lugar que te había indicado.

Recuerdo como si fuese ayer cuando un día de verano hablamos de las relaciones y tu dijiste "cuando yo me preocupo por alguien es porque me gusta" cuando llegué a mi casa me di cuenta que yo te gustaba mucho, pues tu preocupación por mi venía de años y yo no me había percatado. Comprendí que éramos tan distintos, pero eso mismo hacía que nos atrayeramos tanto.

Recuerdo como si fuese ayer cuando una película de guerra fue nuestra mejor amiga, pues dejó libre la puerta a tu timidez y al irme a dejar dijiste: " te puedo dar un beso". ¡Por Dios! - pensé. Tenía tantas ganas de dártelo que al hacerlo fue el mejor de los regalos... Te fuiste de viaje, volviste, me acunaste, salimos, paseamos y nos "enamoramos". Durante una pelea de invierno me dijiste desesperado "Te amo" y yo me quedé en shock.

Recuerdo como si fuese ayer cuando cerré mis ojos y al abrirlos todo se había desvanecido. Tu timidez y mis inseguridades nos habían pasado la cuenta. Tu estabas tan encerrado y yo tan desprendida. Recuerdo cuando me bajé del auto esperando que tú no te fueras, pero era demasiado tarde... Recuedo que ahora nos vemos seguido, hablamos menos... Me sigues cuidando y yo te sigo mirando. Me llamas, mientras yo intento alejarme lo más rápido posible de ti.

Recuerdo como si fuese ayer... pero ahora no me quiero acordar.

viernes, enero 15, 2010


Pocas veces había sentido lo que ahora. No tengo pena, ni rabia, ni angustia, sin embargo, siento una opresión en el pecho que no me deja sacar la respiración completamente.
Tengo mil pensamientos en la cabeza y no sé cómo empezar a ordenarlos. Tengo ganas de acutar como suelo hacerlo y así dejar brotar mi ímpetu, pero me contengo, me controlo, no por ti, sino que por mí. Para no arrepentirme nuevamente de cosas que hice y otras tantas que no.
Cometí errores, me estanqué, para variar, y viví una ilusión que me hizo no echarte tanto de menos, aún cuando no te tenía al lado.
Me volví egoista y aunque no me gustaban un millón de cosas tuyas igual las acepté, pues juraba que haciendo eso me aceptaría un poco más a mi misma.
Pensé tantas veces que mi compañía te podría salvar y que mi forma de ser iba a curar un poco tus trancas, sin embargo, tus temores me los traspasaste y ya no pude sobreponerme.

No me falta el aire porque cambiaste o te renovaste y yo me quedé estancada respirando en el pasado. No me falta el aire y mi pena no es porque, a pesar, de ser una buena mujer no me elegiste. Mi desilusión es porque por más que te entregué toda mi compañía tu desidiste tirarla por un acantilado y finjir que nada pasaba.
Me mentiste, tapaste el sol con un dedo y dejé que los rayos de ese sol que tu tapabas me encandilaran más cada segundo que pasaba contigo. Me abandonaste, borraste todo lo que habíamos construido con sólo apretar un botón, mientras yo seguía confiando en la luz que me brindaba la oscuridad de tus ojos y el color sereno de tu voz.

lunes, octubre 26, 2009

Así somos. Asi soy...

Ayer después de una agotadora conversación en la cual quedé hecha pebre, con los ojos hinchados y el corazón lleno de preguntas, mi amiga Carola Pinto me dijo "enfócate en escribir". Me quede pensando con el corazón lleno de preguntas y muy pocas certezas, es por eso que hoy busqué las respuestas en cada una de las conversaciones de antaño.

Me dió nostalgia que la Carola no esté en Chile. Quizás las cosas que serían más fáciles si estuviera acá. Hecho de menos esas intensas caminatas por el barrio lastarrias disfrutando un rico helado en el emporio de la rosa, Imaginando cómo seríamos en algunos años más. Comprando y releyendo libros, recomendando canciones y reconociendo los códigos que nadie ha podido descifrar.

He leído todo el día distintas cosas para intentar recuperar mi inspiración, esa que se perdió hace algunos meses. Encontré el Blog de Marty y descubrí que le postié en unos de sus escritos, 3 alternativas de por qué las mujeres nos escondemos, pero luego pensé en que hay millones de razones por las cuales hacemos eso.

Llegué a la conclusión, y más aún después de hablar con la Carola, que no sólo nos escondemos de ellos en situaciones específicas, sino también de nosotras mismas en similares situaciones. Huimos de todo lo que no nos acomoda (esa soy yo) renegamos de los sentimientos hasta que estamos muy cagadas y por qué no decirlo TODAS, pero absolutamente todas somos rolleras, aunque critiquemos a las que lo son más que nosotras. Nos escondemos de lo que nos da miedo, de lo que no nos atrevemos a asumir y de la mirada inquisidora de los demas.

Las mujeres nos escondemos cuando no nos contestan una llamada. Por lo general (y es lo que hago yo) pongo el celular en silencio, así no estoy pendiente de las futuras llamadas. Nos escondemos por verguenza y cuando queremos a alguien y ese amor no es correspondido.
Expresamos los sentimientos de diferentes formas, algunas más entusiastas se atreven a declararse, y yo las admiro. Otras hacemos preguntas capciosas para averiguar cosas y cuando oímos lo que no queremos sentimos una opresión gigante en el pecho.

Todas somos celosas, jamás nos arreglamos sólo por hacerlo, si no hay una intención detrás de ello. Cuando usamos escotes queremos "impresionar" y cuando coqueteamos nos tocamos cuidadosamente la oreja y movemos el pelo. A la mayoría nos gusta que nos abracen por la cintura y nos den besos suaves en la cara. A nosotras nos gusta dormirnos con el olor de él en la almohada.

A la mayoría de las mujeres nos da miedo cambiar. Yo me di cuenta de eso y que espero que todo me llegue a la puerta, pues por falta de motivación o de flojera no me gusta salir al encuentro de nada ni de nadie.

Aunque siempre estoy rodeada de gente, soy media ermitaña en mi espacio. Me encanta estar sola, oir canciones mamonas y ver películas románticas. Pongo barreras en mi vida para que sólo algunos logren entrar en lo más profundo de mi ser. Sé que cuando admiro a alguien es porque realmente lo merece. Sin embargo, y aunque la mayoría me conoce tal cual soy sigo poniéndome obstáculos para no ir un paso más adelante, demuestro poco lo que siento. Me escondo de mis temores, aunque los asumo. Soy paradójica.

Amo escribir, sin embargo, lo he dejado un poco botado, también por temor a no ser buena, a que la gente se aburra de leer mis mamonerías o que simplemente yo sola me enamore de mis palabras y no el público.
Hace tiempo llegué a la conclusión que el mejor refugio que pude encontrar es escribir, sin embargo, evito hacerlo frecuentemente, pues también me escondo de él, por temor a quién lo lea me encuentre en el sitio menos indicado.

viernes, octubre 09, 2009

Sentido común

Finales de septiembre y principio de octubre han sido semanas turbulentas, he vivido un tumulto de emociones que no estaba preparada para volver a sentir. O quizás, hacía tanto tiempo que no sentía esos sentimientos que había perdido el "training"
Esa cuchillada en la guata que da entre risa y ganas de vomitar. Tos nerviosa, respiración acelerada y una rabia incontrolable donde tiras "mierda" a quien se te cruza en el camino. Desiciones apresuradas y actitudes poco "dignas" para una mujer hecha y derecha, sin embargo, todo lo que puedan decir y tu racionalizar no sirven de nada, pues de todos modos, todo lo anterior lo sigues sintiendo, lo vives, lo hueles.

¿Qué se puede hacer en esos casos? ¿Ser cínica y hablar, estar y compartir cómo si nada? o ¿puedes ser confrontacional y decir lo que piensas como lo piensas y porqué lo piensas?

Generalmente soy así, voy derecho por la vida, pero en otras instancias me quedo absolutamente callada, hablo poco... pienso más y razono menos... simplemente todo el baile neuronal de días valen hongo porque siempre, pero siempre le termino haciendo caso a la "cuchara" y no a los principios y el sentido común. Sentido común que algunas personas, por ejemplo, yo lo tienen absolutamente elevado, pues siempre espero que el actuar de los demás sea más o menos parejo, pero eso no pasa seguido y choca más cuando las personas que más quieres y confías lo tienen tan inferior al tuyo. Cuando cosas básicas de la relación (de cualquier índole) se van a la cresta por falta de comuniación, pero principalmente por falta de criterio.

Yo me considero una persona ( y quizás me equivoque) respetuosa y por lo tanto exijo respeto. Si soy absolutamente leal, exijo lealtad y si doy cariño, lo mínimo que pido es un poco de retribución. Por lo tanto, siento que es hora de que nos demos cuenta y ME de cuenta que no todos piensan, razonan y hablan con la claridad que esperamos, por más que duela y la cuchillada en la guata te ahogue sin dejarte respirar, hay que acostumbrarse que los seres humanos somos absolutamente distintos y que aunque hayamos crecido de manera similiar, siempre el respeto por los otros es primordial en cualquier tipo de relación y lamentablemente todas esas cosas básicas que yo exijo se vieron vulneradas. ¿Estaré exagerando? o ¿Será mínimo lo que pido?

Opinen...

sábado, julio 04, 2009

La cita

Me pasó a buscar a las 11.30 de la noche, confieso que estaba "choreada" porque habíamos quedado a las 10.00, pero cuándo lo llamé para catetearlo me dijo recién que se iba a duchar. Sin embargo me subí al auto con el ceño arrugado y él me miró y auntomáticamente cambié mi semblante.

La conversación estaba tensa, es como si los dos quisiéramos decir algo, confesarnos un secreto, pero ninguno se atrevía a hacerlo. Él se iba al otro día de viaje y mi corazón ya estaba angustiado por no verlo en muchos días. Al llegar a un semáforo por primera vez me tomó la mano... yo lo miré y le dí un beso en la mejilla. Continuamos el camino entre tanto decidíamos donde ir, al final llegamos al lugar de antaño, por lo menos para mí. En ese preciso segundo me dijo "Aquí venías con Julián".

Nos sentamos, él pidió un mojito y yo un Daikiri, aunque jamás se van a comparar a los cubanos, estaban ricos. Luego él con su hambre de siempre pidió unas papas con el nombre del pub y se las comió todas, yo no tenía hambre, o quizás estaba tan nerviosa que no me cabía nada, mal que mal, esa era nuestra tercera salida solos.

Después de mucho rato de decir todo y a la vez nada me agarró mi mano por segunda vez, me miró con sus ojos negros y me dijo "En qué estamos" "Qué somos". Me quedé callada, no sabía qué responder, no tenía palabras para expresar la respuesta, aunque él ya había dado el primer paso.

"Dale tu eres la periodista, respóndeme" Yo seguí impertérrita a lo más intenté decir "No sé po dime tú" y el nuevamente me insistía que él no se dedicaba a la comunicación y yo si, por lo tanto tenía que darle una respuesta. Entre tanto nos íbamos acercando, me decía cosas al oído, prendía un cigarro y pedía otro mojito, sin embargo, entre tantas cosas no sé como terminamos dándonos el beso, el beso que me moría por darle desde que lo ví aquella vez en el cumpleaños de Rafael.

Me quedó mirando y me dijo " El viernes en el cine te hubiese dado un beso, pero no me atreví" Y yo pensé lo mismo, pero mi temor a que esto sólo fuera una voladura de luces me hizo retenerme. Salimos del lugar tomados de la mano, nos subimos a su auto y en cada luz roja me miraba con ternura. De pronto me dijo "Porqué no me vas a dejar al aeropuerto", pero yo no podía al otro día tenía que trabajar.

Llegamos a mi casa, nos quedamos un rato en el auto me dijo que lo perdonara si era medio torpe, pero no estaba acostumbrado a estar con alguien. A mi la verdad no me importaba a Julián lo tuve que aguantar mucho tiempo. Nos despedimos, él al otro día se iba, se bajó del auto, esperó que yo entrara y desde la puerta me tiró un beso...

Al cerrar la puerta, sonó con ella mi despertador que me anunciaba que todo había sido un sueño, un sueño que tenía que esperar hasta que volviera.