
Fue la primera vez que lo veía después de un año fuera de Chile. Cuando me fui tenía decidido que cuando regresara lo haría resuelta, con la capacidad de volver a mirar a la cara a aquellas personas que dejaba acá.
Era el cumpleaños de Rafael. El conserje del edificio ya me conocía, así que sin muchas preguntas me dejó subir.
El departamento estaba en el último piso. Mientras iba en el ascensor mi respiración se empezó a acelerar, estaba nerviosa, tan ansiosa que me salían lagrimas.
La puerta del departamento estaba abierta, la gente transitaba sin notar mi presencia; el Rafa tenía más amigos que antes, muchos de ellos del trabajo. Me escondí entre la gente, miré al fondo y ahí se encontraba, mi mejor amigo, en el balcón. La noche estaba fría.
-Hola - le dije - feliz cumpleaños amigo ¿pensaste que me había olvidado del segundo día más importante del año? - con cara de sorpresa me abrazó fuerte, después de unos segundos me dijo que me había echado de menos.
-Si lo sé -le dije - no eres la primera persona que me lo dice, además te traje un regalito.
Rafael es un hombre justo, centrado, tiene un sentido del humor muy desarrollado, siempre dice cosas graciosas para llegar a las personas, ya que no es muy atractivo. Alto flaco y de nariz grande; es honesto, sincero y de buen corazón. Es simple, no se hace problemas por nada ni por nadie, pero sí esconde sus sentimientos en lo profundo de su alma.
Conversamos mucho rato. La gente se empezó a ir y yo seguía ahí. Después de mucho evadir el tema le pregunté por Julián, él agachó la cabeza, se quedó un rato en silencio y con su mirada calmada y profunda dijo “está internado en una clínica” yo me quedé callada, él siguió hablando. “Si quieres mañana lo vamos a ver, le prometí que en cuanto llegaras te llevaría”.
- ¡No! - le respondí de inmediato - después de lo que pasó no quiero volver a verlo, además yo le dije que cuando él llegara a esa condición, no iba a estar para salvarlo de nuevo.
El Rafa me dijo que no fuera orgullosa, que era hora de enfrentar a Julián.
Rafael tiene una manera especial de convencerte que igual terminas haciendo las cosas que no quieres.
Al otro día me pasó a buscar a las cuatro de la tarde. Era un día gris, frío y me sentía presionada. Al lado mío mi amigo me observaba en silencio; en la radio, puras canciones “mamonas”.
El camino era eterno, la supuesta clínica estaba en un lugar apartada de Santiago. La reja era verde, alta y con cables eléctricos para que ningún paciente intentara escaparse. La entrada era de tierra, a las orillas había árboles de todos los tamaños sin hojas por el invierno y en el fondo una casona vieja igual de gris que el día.
Nos bajamos del auto y en la recepción, una enfermera chica, vieja y con mal aliento nos hizo pasar a una sala de espera. Esa espera fue más interminable que el viaje; de repente un hombre algo “freak” apareció en la puerta diciendo que ya podíamos ir donde Julián.
El corredor era enorme, había poca luz porque las cortinas estaban sucias, llenas de polvo, había olor a humedad, poca ventilación; el aire era pesado. El corazón se me empezó a apretar. Subimos por una escalera estrecha donde el Rafa me dijo que tenía que seguir sola.
Otra vez ese corredor lúgubre, ahora en el segundo piso, ese hombre “freak” se adelanto y abrió la puerta del fondo.
Él estaba en el balcón, con el frío que hacía y él ahí, tomando aire, aire que a mí me faltaba.
-Hola- le dije. Él se dio vuelta y me miró con sus ojos claros y profundos.
- ¡Hola! - dijo - Pensé que nunca más te iba a ver.
Yo sonreí, mi corazón latía con fuerzas, la voz me salía temblorosa.
- Si pues, me fui por un semestre y me quedé un año, necesitaba encontrarme.
Miré todo alrededor.
- ¿Puedes cerrar la ventana? Tengo frío.
Él me observaba, pero no se acercaba mucho, quizás pensaba que si me tocaba yo me iba a poner a llorar
-La verdad Julián, nunca me imaginé que tendría que venir a verte a acá.
Él se quedó en silencio un segundo y dijo “ya estoy mejor, Elisa, lo único que quería era verte para poder pedirte disculpas por todos los malos ratos que te hice pasar...”
“Yo no vine acá a buscar una disculpa, te vine a ver porque Rafael me dijo que para ti era importante verme, además te traje un regalo... para que intentes salvarte”. Sonreímos los dos. Yo estaba nerviosa, no quería llorar, no quería ser hiriente. Él se hallaba distinto, con un buzo gris y su barba de varios días que escondía su cara de niño asustado; estaba calmado y eso fue lo que más me llamó la atención. Su impulsividad se encontraba estancada, ahora se daba el tiempo para razonar antes de hablar y de actuar; estaba aletargado.
Yo me sentía extraña, aunque los dos tratábamos de que la conversación fluyera estábamos tensos, era como si estuviese en frente de un desconocido que hablábamos distintos idiomas.
- Durante el tiempo que he estado acá he intentado recordar ¿cuándo fue que todo se echó a perder? ¿Cuándo toqué fondo y tú ya no estabas, Elisa?, y ahí entendí lo importante que eras para mi. Me di cuenta de que nunca me percaté de lo que tenía al lado, hasta cuando te fuiste.
-Yo siempre he dicho Julián, que más vale darse cuenta tarde que nunca de las cosas, pero con respecto a cuándo todo se echó a perder, yo creo que lo deberías tener clarísimo...creo que te diste muy tarde cuenta de lo que yo contribuía a tu vida...
Él interrumpió
- Tú me dejaste, no me diste nunca la oportunidad de demostrarte que quería cambiar. Te fuiste antes - dijo mirando hacia la ventana. Había empezado a llover.
-Recuerda Julián, que tú me echaste antes, mucho antes de que tocaras fondo. Y yo te olvidé ese día en Viña, cuando llegaste a mi departamento en un estado deplorable y yo juré nunca más ayudarte.
- Se quedó en silencio.
-No me dices nada, Julián, por que sabes que tengo razón, por que no tienes argumentos, y porque pensaste que yo ya me había olvidado de eso.
-Pensé que todavía me querías... pero veo que me equivoqué ...
- No se trata de amor, Julián, no confundas las cosas. Además Rafael me dijo que era importante para ti verme. Por lo demás yo también tenía muchas ganas de verte, pero no quería verte así, no me gusta que estés en este lugar tan frío. -Yo me puse a llorar, él se me acerco y con cuidado me dio un beso en la frente como queriendo calmarme, yo lo miré y lo abracé y sentí su corazón latir con fuerza. “Te quiero”,dijo. Yo levanté la mirada me sequé las lagrimas... “Y te eché mucho de menos...”. “Yo, yo ya no te creo nada Julián. Lo mismo me decías antes, cuando te mandabas cagadas y yo seguía ahí esperando que atinaras... No tengo ganas, Julián, no tengo ganas de seguir con esto. Me fui con la esperanza de que cuando me volviera a encontrar contigo no fuese tan difícil, pero me equivoqué.
-Parece que siempre te equivocas conmigo...
- Julián, me tengo que ir, el Rafa me está esperando hace mucho y la verdad es que no quiero seguir en este lugar. Nos vemos afuera, porque a este lugar.... a este lugar no vuelvo más.



